Carlos Corales la creó en 1966. En medio de la nueva ola, época demasiado
cursi a veces y demasiado feliz otras. Pero esta canción sí es feliz. Y es
enamorada. Y es de una ingenuidad transparente y emocionante. Yo no puedo
dejar de escucharla y llenarme de energía, de ganas de amar, de repetir la
melodía, de sentir la armonía deliciosa en los remates y en la “parte C”… todo
me encanta en esta simple, feliz e increíble canción al amor.
La piel y la mente se me transportan de inmediato a un recorrido nocturno
y urbano, lleno de onda, de luces. Una canción feliz. Una canción para estar
puesto, una noche, recorriendo la ciudad, audífonos bien cerca de las orejas.
Y esa melodía alegre, esa guitarra en el punto exacto de la simpleza y de la
emoción. Y el ritmo ahora sí es el preciso. Y los arreglos ahora sí vuelven
sensible una canción sesentera y la alejan de la cursilería.
Una joyita de nuestra nueva ola y de la música rock en Chile, con su sonido
extraño en 2:50 incluido. Una joyita para estar amando, experimentando
y viajando por la noche de la ciudad.
Etiquetas: pat henry y los diablos azules

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