ENDE QUE TE VI

Un día de mañanita salí a recorrer la hacienda,
y me encontré con mi prienda que se encontraba solita.
Le dije al punto: “M’ hijita, ¡no sabe cuánto la quiero!
Yo soy un huaso sincero que su amor le solicita,
y espero que usted permita que sea su amor primero.”

Ende que te vi, que te quiero,
ende que te vi, que te adoro,
quien te quiere a ti, mi lucero,
quien te quiere a ti, mi tesoro.
¡Corre que te tengo que querer,
corre que te tengo que adorar,
corre que te tengo que querer
aunque tu mama no me pueda ver!

No tengo mucho dinero para empezar el ranchito,
pero le juro y repito que soy un huaso sincero.
Ensillo mi manco overo y salgo a buscar fortuna,
y antes que me cuenten una me recorro el mundo entero;
por eso tan sólo espero el sí de su boca’e luna.

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El mundo de las versiones es ancho y ajeno. Luis Bahamondes compuso a principio de los años 50 una festiva tonada de tono romántico y ciertamente pintorecista. Ahí está pintado desde el filtro santiaguino el ingenio y la gracia del huaso ladino, siempre intrépido en el amor, humilde, aventurero. “Ende que te vi” su nombre.

La versión primera es la de Carmencita Ruiz y el Conjunto Fiesta Linda, la agrupación que las rompía en las radios chilenas de mediados de siglo. Ahi está el acordeón y el arpa, siempre en diálogo, y ahí está la voz grave, gruesa, firme de Carmencita Ruiz, perfecta para el travestismo interpretacional. La manera canora de abordar la canción es simple, pues confía en el caudal de su voz como recurso hegemónico. De seguro, la versión debe haber sido un hitazo. Alegre, exótica, es claramente una canción que representa fielmente el estilo huaso desde la capital tan de moda por esos años y que, por lo mismo, ha envejecido mal. Para nuestros oídos, la falaz estética y la pudorosa ética nos resulta ya muy distante, aunque no tanto como la versión de 1960 de Los 4 Hermanos Silva, en la que se intenciona aún más esa mirada del campo chileno desde la imaginería sonora santiaguina.

 

Quizás por lo mismo las versiones rastreables de esta alegre tonada son tan distanciadas en su estética. Y, sorpresa, esta canción está llena de versiones. Argentinas, peruanas, mexicanas, paraguayas (¡¡muchas!!), ibéricas… Todo un éxito internacional olvidado en Chile. La de Los Cinco Latinos es sesentera neta, llena de esa alegría sincera y simple de las Nuevas Olas americanas. Los juegos de voces, infaltables, y la voz inconfundible de Estela Rabal como sello interpretativo. Rescatan el lado festivo de la tonada chilena, pero dan un paso a la masificación auditiva sesentera, tan radicalmente distinta a la de solo una década atrás. Se puede escuchar en el siguiente link pasados los 13 minutos.

 

¿Cómo llegó “Ende Que Te Vi” a ser conocida en Paraguay, pais de donde vienen tantas versiones? Por lo visto, la masificación de tonada chilena logró cierta penetración en aquellos años de tanta difusión de música latinoamericana en todos nuestros países, sobre todo con las inusitadas giras, para la época, que la agrupación Fiesta Linda realizó en aquellos años por México, Perú, Bolivia y Argentina. Y de seguro, esta recreación del ingenio e ingenuidad campesina desde la ciudad sonaba coherente y edificante como anhelo musical en zonas tan disímiles como de donde surgen estas versiones. La cosa es que nos encontramos con esta versión de Los Galanes del Norte, que llegó a mis manos por misteriosas vías. Es una versión genial desde muchos puntos de vista. De partida, que sea una cumbia el ritmo seleccionado trastoca radicalmente el original, pero permite comprobar que la alegría y la chispa están en el ADN de la tonada. Los metales, por su parte, entroncan con una tradición sonora de larga data en América, aunque claro, desconozco completamente cómo se da esa tradición en Paraguay y con qué elementos locales dialoga. Finalmente, la voz del cantante, con esa deliciosa pronunciación y ese timbre que proyecta la voz de alguien humilde, vital, de tal forma que la letra me parece más idónea cantada por alguien como él que por las otras voces comentadas.

 

Curioso caso el de “Ende que te vi”, cumbializada en las tierras del Chaco, guitarreada en Argentina y Costa Rica, bailada en Perú y España. ¿Será que Luis Bahamondes, más allá de la idealización del campo chileno que está detrás, captó algún tipo de sentimiento valentón y chispeante compartido en América? Probablemente es esa alegría ingenua que proyecta la melodía la que la convirtió en una atípica carne de versiones internacionales.

Revisada el 12 de abril de 2015.

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