LAS CANCIONES (ANTI) MATRIMONIALES DE VIOLETA PARRA

En sus discos cincuentero, Violeta Parra da cuenta de una nutrida serie de canciones recopiladas (eso dice(n)) en el campo del centrosur chileno y que tienen como eje esencial el matrimonio y la vida de casados en general. Quizás las dos más populares de esta seguidilla sean “Casamiento de negros” y “Parabienes al revés”, las que tienen en común ya un factor que se repetirá en prácticamente todo el repertorio matrimonial: el humor, la farsa, una suerte de carnaval irreverente en torno a la sacra institución.

Y hablo de sacra institución, pues el matrimonio es, en este conjunto de canciones, sobre todo una institución católica. Y ahí Violeta se muestra ambigua, llena de matices: a veces pareciera querer enternizar la ley ante dios, a veces la trata con filuda ironía. En “Viva Dios, viva la virgen” [1956], acaso la menos interesante de todas, la referencia católica es directa y queda plasmada, diría, de manera bastante convencional, aunque es bueno detenerse en algunos elementos recurrentes, como el que el matrimonio es, sobre todo, un evento social, pues en toda canción con dicha temática siempre serán benditos los curas, los padrinos, los vecinos y todo el mundo acompañante.

Mucho más hermosa es otro parabienes a los novios, el “Viva la luz de Don Creador” [1956]. La guitarra tan bien rasgueada para imponer el ritmo y la secuencia armónica saltarines y agradables de la refalosa (¿o es mazamorrita?), juguetones, nos actualiza lo mejor de la tradición percusiva y bienintencionada de la guitarra campesina. Y la letra tiene, en el fondo, imágenes que no aparecen en el parabién anterior. No deja de haber cierto valor quejumbroso cuando dice “el matrimonio sagrado / como la regla lo exigé / y los dos que se dirigén / a dar tan raro ejempló”… Y la tercera estrofa es una temprana muestra de una de las fórmulas discursivas más caras para nuestra Violeta: en medio de todas las palabras agudizadas (y mutiladas, si es necesario), las referencias se van concadenando unas a otras en progresión temática descentralizada y algo esquizoide, recurso que aparecerá con fiereza en canciones tan claves como “Maldigo del alto cielo” [1966] o “Amigos tengo por cientó” [1960]. Algunos han sugerido que en esos versos se manifiesta justamente cierta ironía sobre el matrimonio (“se hayan desojá los floré”); lo cierto es que si no supiéramos que es canto de procedencia campesina, casi podría decirse que es antipoesía pura. Lo que es a mí, me parece una canción deliciosa, alegre, amable y muy tierna.

Algo le pasa a Violeta con las progresiones temáticas. En “Parabienes al revés” [1956] el humor, asumo que también captado desde el trabajo de recopilación, es la inversión exacta de los versos. La anécdota es simple, con algunos toques de humor simple y decorativo, pero la melodía y la inversión versal brindan esa magia que tiene la canción y que la han hecho perdurar un poco más en el tiempo que los parabienes “al derecho”. De más está decir, además, que esta versión suena mucho más sincera y cruda que la arreglada (y algo siútica, para los oídos contemporáneos) de Las Cuatro Brujas.

Si de humor se trata, está el “Casamiento de negros” [1955] uno de los primeros singles grabados por Violeta Parra solista. En lo personal, la reiteración ingeniosa del negror no me produce mayor gracia, pero supongo que ahí está la clave para que esta canción sea tan versionada y recordada. No sé por qué algo me dice que cierta visión racista (quizás por lo pintoresca que pretende ser la anécdota) está incubada en este chapecao (?), pero supongo que también Violeta Parra cumplió bien en su papel de registradora de cantos de tradición muy perdida en los cauces históricos desde la península. Igual algo de ruido me hace la fama de esta canción, tanta versión funk, tanta “conciencia” en torno.

Dentro de esos primeros singles parreanos hay otra canción de matrimonio, pero esta sí resulta algo brutal desde la moral laica de nuestros días: “La Juana Rosa” [1955]. Quiero creer que Violeta lo graba solo en su afán “recopilador”, pero habría que ver si ella misma estaba algo de acuerdo con la lógica de que la mujer soltera a los 25 es ya una solterona. Aún no estamos acá en una visión antimatrimonial, ni mucho menos, ¡pero qué alejada esta canción de la lógica de los parabienes a los novios! La letra es cruel, despiadada con la pobre Juana Rosa, y conceptualiza el matrimonio simplemente como una institución de función social algo mecánica y macabra. Es, en definitiva, profundamente machista, conservadora y reaccionaria.

Lo cierto es que Violeta Parra debió de desconfiar de esta institución ¡o venerarla demasiado! Muchas de sus canciones de su primera época tienen la temática matrimonial como principal, y en ellas se nota que las recopilaciones menos conocidas son mucho más frescas en su tratamiento temático y nos abren perspectivas (anti)matrimoniales insospechadas dentro de (lo que desde hoy consideramos que debe ser) el cancionero campesino popular, que las más conocidas. Tomemos la polca “Yo también quiero casarme” [1956]. La desacralización del novio y del matrimonio en general va justamente en línea contraria a la de “La Juana Rosa”, tanto que quizás podría ser su respuesta rezongada (“por eso a mí la prudencia me aconseja no casarme… mejor será señores que me quede sin casar, y no caer en la trampa por toda una eternidad”).

El ritmo de polca, por supuesto, encaja perfecto con el tono desfachatado de la letra. Las exageraciones, los extremos, las caricaturizaciones vívidas, recorren toda la gama de lugares comunes sobre el hombre (y ayudan a romper la ridícula sacralización de una suerte de macho latino o algo por el estilo). Y eso que acá aún tenemos en frente una versión prudente, casi tímida. Hilda Parra cantará luego esta polca con signos áun más radicales de sarcasmo (“yo también quiero casarme / de blanco no puede ser / con lunares verde rojo / eso sí que puede ser”). Los versos son más rabiosos y misándricos, el ritmo es más frenético, la voz de Hilda es más adecuada aún para esta furiosa desilución.

En la misma línea antimasculina está la canción “El joven para casarse” [1957], una suerte de proclama de denuncia del machismo juvenil y del sinsentido tirano de la institución ofrecida como moneda de cambio para obtener los favores sexuales (“la niña que quiere a un joven se destina a padecer / andará de boca en boca si no se casa con él”).

En medio de este ritmo extraño (¿eso se bailaba?), está el delicioso y pueril “huichihuichi que sí que sí / huichihuichi me gusta a mí” del estribillo, recurso usado por Parra (¿o por la tradición?) para livianizar, descentralizar nuevamente, el desarrollo temático. Acaso funciona como señal de que toda la canción es una farsa (“el malo me tentaría”), una jugarreta.

Desde la vereda del frente, en música y contenido, está “Atención mozos solteros” [1957]. El ritmo es cortado, irregular, sincopado (¿anti-tonada?) y por supuesto pone en un singular relieve la misoginia (“son muy duras las cadenas / las que se van a amarrar”) y el gran humor de la composición (“hasta el nombre ha de cambiar / tendrá que llamarse pan / se llamará cebollita / también se llamará ollita”). ¡Qué brutal parece este humor, aún con la perspectiva del tiempo, en comparación con las pintorescas desventuras del casamiento de negros! Es de mis canciones favoritas, porque Violeta muda su voz para volverla pícara, algo destemplada, como si de vieja campesina se tratara. Y el nivel de sarcasmo en relación al matrimonio alcanza cotas sorprendentes, supongo, para la época y muy frescas aún hoy.

Y en “Para qué me casaría” [1957] ¿hay humor macabro o profundo desgano? La interpretación parreana no resuelve la interrogante y, entonces, deja el aroma de la ironía niahiísta en el aire. Quizás juzgo por irónico la crudeza del mensaje sin tapujos (“mi marido me estima como una reina / no me deja costilla que no me quiebra”), pero la crudeza también se juega en poner en la balanza el sinsentido del matrimonio con el sinsentido de la familia (“la vida si mi taita mi pegaba / la vida mi marido dice juera”).

Canción antimatrimonial por donde se la mire, directamente desde nuestro bello y idílico campo, con todo lo mejor de nuestra conservadora tradición católica campesina… ¿o esta cuecaza nos indica que esa supuesta tradición no es tal? No deja de sorprenderme el tratamienmto temático de esta cueca cada vez que la escucho, la modernidad del asunto de la violencia contra la mujer, la amargura irónica en las palabras “prudente” o “reina”. Es como si no terminara nunca de escucharla bien o de comprenderla, siempre me queda una nueva sensación de extrañerza al oirla.

“Cuando habrá como casarse” [1957] pone en relieve de manera amarga esa tensión tradición – maldición del matrimonio agresivo, violento y católico del campo chileno (“la mujer que ya se casa / para servir su marido / si es un poquito atrevido / y con ella se propasa / será mujer de su casa / para ser bien atendía / que sepa pasar la vida / sin que la tiente el demono / de guardar su matrimonio / se alegra Dios y María”). ¿Es acaso todo esto una canción pía y observante del sacramento en voz de la misma Violeta Parra? ¿Acaso acá solo primó la convicción de recopilar lo que la cantora le transmitiera? ¿El rimo nuevamente algo anómalo da cuenta de un nivel de perplejidad parreana de lo que cantaba? Por lo bajo, es una canción chocante, a medio camino de los parabienes y de la cueca antes comentada, de la inconciencia y de la lucidez máxima. Quizás es la voz de la misma Juana Rosa, (in)comprendiendo su destino.

Violeta Parra insistioó bastante en temas con temáticas (anti)matrimoniales en sus primeros años, sobre todo en su disco de 1957 “La tonada” y justamente en años que ella vivía procesos matrimoniales propios conflictivos ¡incluso para la mentalidad de hoy en día! Quizás estas canciones le servían un poco como antídoto o como manera de entender lo que se esperaba de ella como esposa tradicional y silenciosa. Quizás en realidad fueron su primer atisbo y su primer espacio de desarrollo de canciones de choque ante tanto lugar copmún social que ella pronto combatiría de manera más clara. Quizás estas fueron sus primeras luchas, sus primeras alzas de voces, aunque claro, todavía el trasfondo “folclórico” no permitieran advertir la amarga lucha que acaso se planteaba. No sé, todo un misterio este conjunto de canciones (anti)matrimoniales. Como tanta cosa misteriosa que engrandece a nuestra Violeta Parra.

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