POLCA A LA CHILENA

reneinostroza

No  sé por qué soy un convencido de que la polka y el chapecao un día volverán en gloria y majestad a la escena musical chilena. La polka a las fiestas y el chapecao al rock. No tengo ninguna prueba que me permita vaticinarlo, pero lo huelo, lo percibo… o quizás lo necesito.
Un carrete, un viejo carrete, con polka debe haber sido increíblemente alegre y agotador. Y no lo digo pensando en esas maketeadas fiestas que el cine nos recrea de una Europa chispeante en pleno siglo xix, con todos los comensales deslizándose con una simetría abrumadora por la pista de baile. En Chile, y supongo que en América, al menos en la América no siútica, de seguro la polca jamás se bailó con el brillo vienés. Pero se bailó con la gracia mestiza… y mucha. Con los ojos más cerquita, con los cuerpos más pegados… ¡¡Mucha gracia!!

Los que hemos estado en un gran baile con corridos toda la noche ya lo sabemos, ya lo hemos vivido: en el corrido corre sangre polkera de la mejor estirpe. Diría que esa es la manifestación más constante de polka en Chile actualmente… claro, en el adn de otro ritmo. Evidentemente el ritmo de polca así solito en el Chile actual se perdió, no está vigente, excepto, claro está, por intentos específicos y completamente situados, tales como”Un zapatero celoso” en La Negra Ester

o por algún precioso trabajo de recopilación de grandes como René Inostroza en la IX Región

o de arqueología musical, como el trabajo de los de los grupo de proyección folclórica, con sus ropas de lejana fantasía…

En el resto de América, la polka está aparentemente más viva: la polka paraguaya llena discos y discos que van de mano en mano; la polka criolla argentina, con difusión hasta la patagonia chilena; la polka mex-tex, llena de intérpretes y cultores en ambos lados de la frontera y en las tres lenguas, español, inglés y spanglish pachuco, aunque ha ido perdiendo terreno frente al corrido y el huapango; las polkas mexicanas y centroamericanas, también algo venidas a ser carne de representaciones folclóricas, ¡¡aunque algunas con una gracia y vitalidad que ya la querríamos en el sur!!

Pero en Chile parece muerta y solo queda percibir a lo lejos el poder festivo y gregario que debe de haber tenido en su momento en muchas de nuestras fiestas. Los trabajos de recopilación se encargan de proyectarnos esa sensación (“En una jaula de oro” http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras?portal=265&Ref=4098&audio=7). Y volverá, no lo dudo, no por melancolismos trasnochados de música folclórica, sino porque representaba un espacio de chispeante humor e incluso sarcasmo que, creo, hoy por hoy no tiene un espacio tan específico. Desde las polcas recopiladas por Violeta Parra, la ironía fue la compañera ideal del baile polkero, y así fue entendido en la versión de Hilda Parra de “Yo también quiero casarme” (acá llamada “de blanco no puede ser”), canción burlesca por donde se le mire:

Qué decir del inmortal y latinoamericano “Pichingue”, llena de humor campesino, guitarra chispeante y ritmo frenético

o de la polca más famosa por estos lados, ya escuchada, “Un zapatero celoso”, el hit más pornográfico de la música chilena. En aquella escena de La Negra Ester se condensa todo el poder subterráneo de la polca, provocador, irreverente, bohemio. Ahí está la noche, la malicia, la desfachatez de la polca chilena. Por eso la añoro. Por eso sé que volverá.

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