EL ELÉCTRICO

Chico Trujillo está celebrando diez años de existencia re-inventando una manera (de tantas que hay) de hacer y generar círculos de oidores de cumbia en Chile. Es, entonces, una excelente oportunidad para que re-oigamos de qué cauces sonoros se han alimentado estos geniales villalemaninos  y podamos discurrir un poco desde donde están mirando la cumbia. Dado su número de aniversario, haré el ejercicio con diez de sus interpretaciones, aunque consideraré que mi entrada para “Cariñito” fue la primera de la serie.

Sigamos, entonces, con un éxito de sus primera tocatas y que lamentablemente han ido dejando un poco al lado de su repertorio más actual: “El eléctrico”. Cumbia instrumental por excelencia, de la más exquisita tradición tropical del Perú setentero, Chico Trujillo la versionaba en sus tocatas del Galpón Víctor Jara y de La Batuta con regularidad en sus primeros años, cuando también tocaban con regularidad su “Cumbia ácida”, pálido intento de Asenjo y compañía por replicar el estilo de cumbia sin letras, y la integró en su disco “Chico trujilo y la sonora imaginación” del 2003, grabado en Berlín.

La versión trujillana pone a los metales en el papel de transmisor de electricidad y la descarga de voltios se aseguraba por el creciente aumento en la velocidad de ejecución. Las guitarras, tan importantes en la versión original, quedan relegadas al papel de acompañameinto de arpegio y, como cuarta diferencia, no aparece un segmento musical que en la versión original sirve como “parte C” o como variante. Chico Trujillo ve a la canción más bien como una descarga eléctrica (curiosamente, el nombre de otra cumbia del mismo grupo creador de “El eléctrico”) hecha para prender cualquier tocata (de hecho, abre el disco). El ritmo, las pausas y los gritos “súper locos” del baterista (al menos así era en los en vivo) la convierten en carne perfecta de mambo hasta la madrugada, bien sudoroso y con olor a hierba, como eran y son las grandes jornadas, al menos en el Galpón.

La versión original, grabada en 1971 por Los Destellos del Perú tiene la misma tesis, pero juega con otras cartas. De partida, está Enrique Delgado, gran maestro sensei de la cumbia americana entera. “El eléctrico” es una de sus tantas cumbias instrumentales en las que Delgado daba clase de su dominio absoluto de la guitarra (rockera, psicodélica, huaynera y cantinera a la vez… ¡cumbiera!) y quizás la que mejor ha perdurado a través de los años, junto a la deliciosa e inocente “La ardillita”. “El eléctrico” muestra claramente la suma de los estilos musicales que a Delgado, y a Los Destellos, les interesaba sintetizar, sincretizar, explorar y que abrió la puertas para que la cumbia se desarrollara desde Perú y desde entonces por caminos completamente insospechados si miramos el devenir que traía como música estrictamente colombiana.

La noción de cumbia de Los Destellos siempre fue elegante y, aunque nos suene extraño, sobria, sobre todo si uno los compara con la evolución que la cumbia peruana tomó años después con la chicha. Esta es una música popular más bien, hasta donde entiendo, de clase media limeña y, por lo tanto, hay códigos que, mirados desde ahora, se entienden bajo esa lógica. La cumbia instrumental era la apropiación de las formas del rock anglosajón por parte de la juventud limeña (universitaria), pero bebía igualmente de la tradición cumbiera (percusión exuberante), selvática (el ritmo endemoniado) y la voz de Felix Martínez le daba el color local, vivaz y comunicativo, aunque jamás desbordado. Sin dudas, una cumbia esencial de aquellos años.

En numerosas partes he conocido a gente que vacilaba “El eléctrico” en la verión de Los Destellos sin quizás jamás saber su origen. En mi pueblo, de hecho, famoso era el mito sobre cierto personaje que, ante los acordes llenos de voltaje de esta cumbia, se subía arriba de cualquier mesa y se convertía en el verdadero “cuidadito que está bailando… el eléctrico”. “El eléctrico”debe de haber sido, de hecho, parte de esa oleada de cumbia que se escuchó en Chile, como en todo América, de origen peruano, sin que nunca se supiera con claridad que de allá eran (como sucede ahora con las cumbias de Américo…), como tantas de Los Mirlos (“Mentirosa”), de Los Diablos Rojos (“Cariñito”) y de los mismos Los Destellos (“Traicionera”) y de otras bandas setenteras. Cumbia que me suena a infancia, a vinilo y a baile de día domingo en la cancha.

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