NO ME PREGUNTEN CÓMO ES MI MUCHACHA

En el último disco en estudio de Chico Trujillo, Plato Único Bailable, se materializa al fin un homenaje pendiente dentro de la producción de la banda: un cover de alguna cumbia grabada por Los Viking’s 5. El Macha en diversas entrevistas ha señalado que la agrupación originaria de la IV región vendría a ser algo así como un maestro de su infancia, una voz y un modelo muy presente en las experiencias tiernas de su niñez, sin la conciencia obviamente de que sería luego el camino por recorrer, y que ya ahora en el ejercicio adulto de recrear cumbia ha valorizado en su justa y perfecta medida (ver por ejemplo acá). En definitiva, un ejemplo más de algo en lo que no se suele insistir mucho: que más que la fiesta, lo que mueve a Chico Trujillo es la nostalgia y la reinvención de un mundo (musical) perdido en la nebulosa de los recuerdos.

En los primeros años de Chico Trujillo la influencia de Los Viking’s 5 quizás se podía suponer, pero nada la explicitaba. El discurso y las formas iban más por aparentar una mirada no hacia la cumbia chilena clásica, sino que a los modelos colombianos y, en menor medida (o de manera menos conciente), peruanos. Ahora bien, si uno piensa en la música de Los Viking’s 5, hablar de un modelo peruano es también perfectamente posible y lógico, y quizás la vuelta de tuerca que deba desentrañarse es que ese modelo estuvo siempre mediado por la banda coquimbana, pues ellos son responsables de difundir en Chile varios de los éxitos de Los Destellos, de Los Mirlos y de la cumbia peruana en general, como “Camino Serrano”, “Cariñito” (antes que Pachuco y La Cubanacán), “La Colegiala”, etc. Falta dilucidar, entonces, si cuando El Macha y compañía componían una canción como “La cumbia ácida” su modelo era directamente el de las agrupaciones limeñas o siempre estuvo influido y recreado por la guitarra más cauta y el estilo transparente de nuestra banda nortina.

El asunto es que el homenaje pendiente llega con “No me pregunten cómo es mi muchacha”, canción que, diría, no es de las más populares de los Viking’s, pero que permitía una adaptación al estilo trujillesco sin mayores problemas.

El sonido es setentero neto, por los juegos vocales, por la percusión y sobre todo, cómo no, por la guitarra que define la melodía desde el segundo inicial y que es replicada por los de Villa Alemana de manera casi idéntica a la versión de los coquimbanos grabada en 1977.

¿Qué es lo que ha cambiado? Que, bueno, Chico Trujillo es una banda nostálgica de pachanga y su nostalgia está siempre disfrazada (¿o camuflada?) de locura, por lo que el ritmo se encuentra acelerado (por ejemplo, para dar un buen final antes del primer bis) y aparecen guiños que jamás habrían aparecido en la sobria y seria efusividad de la cumbia chilena de hace treinta y cinco años atras (por ejemplo, el apoyo de coro en 00′ 32”), con un correspondiente cambio de letra, desde el poco trujillano “lleva en su bolso mil frascos de crema y recorre las plazas de Viña del Mar” (00′ 38” en la versión de Los Viking’s 5) al trujillano neto “buscando calle, sintiendo la calle, viviendo en la zona de Viña del Mar” (00′ 33”). En 00′ 53” de la versión de Chico Trujillo aparecen también los metales tan característicos de la banda y la reiteración de la estrofa A mantiene la letra de la primera exposición, asunto que no ocurría en la versión clásica de 1977 (01′ 17”). En 01′ 46” Chico Trujillo agrega una reexposición del puente entre estribillo y estrofa, solo que acá dirige nuevamente al estribillo, que, tal como en la versión setentera, se repite con ascensos tonales. Los Viking’s 5 la concluyen de manera sobria y tradicional, con fade out; la de Chico Trujillo, de manera abrupta y sin concluir la línea melódica, perfecta carne, insisto, para poner una tocata al máximo justo antes de irse a un descanso.

“No me pregunten cómo es mi muchacha” es, cabe decir, una canción de la vieja nueva ola argentina, compuesto por Ernesto Barro Medina y grabada, entiendo que en 1976, por Nazareno, entiendo que un cantante (¿o agrupación?) trasandino de la línea de Los Náufragos. El estilo es de beat bailable setentero calado, entre chispeante y ondero, que en Chile conocemos como “música libre” (etiqueta que, entre otras cosas, hace desprender al estilo de todo su trasfondo histórico y su importancia musical en el país vecino y lo reduce a una música joven sin mucho contenido). La voz femenina, el uso rítmico de la guitarra, el canto con voz solista… todo inscribe esta canción en aquella estética setentera del rock argentino.

Por supuesto, esta versión tiene una letra pensada en Buenos Aires (00′ 37”) (¡por suerte siempre hay una Plaza San Martín!) y curiosamente tiene el apoyo del coro en 00′ 33”, tal como lo versiona Chico Trujillo, pero no Los Viking’s 5.

Chico Trujillo versiona esta canción sin dudas pensando en la cumbia de Los Viking’s 5, pero se vuelve también una visita a la música bailable setentera, con otros valores y con otras esferas de difusión en el Chile de aquellos años. Curiosa ironía de la cumbia nuestra, ¿no?, casi siempre con orígenes perdidos en el tiempo, tributaria de otras modas y otras sensibilidades, con las que establece diálogos muchas veces sin siquiera saberlo. En todo esto, los de Villa Alemana son maestros, en resituar una serie de discursos semióticos que están latentes, que en ellos mismos siguen latentes. Una nostalgia fiestera… o una fiesta nostálgica… finalmente muy a la chilena.

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