SI TE VAS DE MÍ (EL TREN)

Quinta entrega sobre canciones versionadas por Chico Trujillo. Es el turno ahora de “Si te vas de mí”, cumbia de excelente melodía y aún mejor letra, habitué de todas las tocatas que realizaban los villaalemaninos en sus primeros años de bohemia pachanguera y cumbia a la que le tengo un cariño especial porque fue la que en definitiva flechó la pasión que profesé por esta banda en aquellos años mozos. Me permito partir, de hecho, con mi vivencia personal en torno a esta canción, porque entiendo que sin ella las cosas hubiesen sido matizadamente diferentes.

Fue una noche de agosto o septiembre de 2005 (quizás 2006) la primera vez que vi a Chico Trujillo. Ya hace un tiempo había visto por el centro sus carteles anunciando sus tocatas y mambos en el Galpón Víctor Jara y recuerdo que había descargado de alguna parte una primera y única canción: “El tren”. El impacto fue inmediato. Yo la conocía bien en la versión setentera de Giolito y Su Combo, grabada en 1973 en el LP Más Giolito, y escuchar la letra modificada del coro, aquello de “que te pesque un paco, que te parta un rati, que te mate un tren” me pareció por lejos lo más innovador e impactante que había escuchado en cumbia chilena en mucho tiempo. Acaso desde la desfachatez noventera de “haciendo el amor toda la noche, juntitos los dos haciendo el amor toda la noche”. Verlos en vivo fue, entonces, un nirvana cumbianchero aún mayor, un momento de emoción al máximo.

Esa noche, ese primer encuentro, ese amor a primera vista con el Macha y su magnetismo diabólico, me dejaron bastante impactado, sobre todo porque eso estaba sucediendo en Santiago, quizás desde cuándo, y yo no lo sabía. “El eléctrico”, “Daniela” como siempre la había soñado, “Si te vas de mí” con una potencia despechada exacta para la canción. Recuerdo que no bailé en toda la noche. Solo los miraba. Solo los escuchaba, sin dar completa fe de que eso estaba sucediendo en pleno centro de Santiago y con músicos que yo admiraba bastante ya desde mi adolescencia escuchando La Floripondio.

¿Qué había frente a nuestros oídos? Sobre todo, una versión rabiosa. El silencio tenso que prosigue luego del conteo inicial, los metales acelerados, la voz rasposa de El Macha, el ascenso histérico del “chaaaaao” lleno de vibrato, el tono amenazante y terrorífico del “pero no te olvides que aquí estaré esperándote” dicho con sorna y maldad, el eco irónico y malévolo de los “amor” del estribillo. Todo en la interpretación, en el diálogo voces – instrumento, en la velocidad, genera tensión, proyecta despecho, transparenta un odio, y quizás solo ese momento intermedio en que repiten el conteo del uno al ocho falla semióticamente, por la pausa que supone, y no calza por completo en una versión que de otro modo sería perfecta . Aún así, jamás una cumbia en Chile había sonado tan cruda y descarnada.

La versión de Giolito y Su Combo se basa, en muchos aspectos, en una concepción diametralmente opuesta a la de Chico Trujillo sobre cómo materializar esta canción. Es, de hecho, y quizás más bien en contraste con la versión chicotrujillana, una versión incluso elegante (uso del saxo), de ritmo sinuoso (inicio con bajo y percusión) y de rabia contenida y camuflada en sorna y en burla (timbre del órgano comentando las melodía principal). Alejo López interpreta de manera magistral a un despechado que deambula entre la indiferencia y hacerse el loco (0′ 10”; 0′ 22”) y el dolor (0′ 16”; 0′ 26”). Es una dirección muy distinta a la de El Macha, pero igualmente de antología.

El diálogo saxo – órgano, entonces, parece acentuar una lectura patética de la orquesta hacia el cantante, sobre todo en los momentos que el saxo tiene la prevalencia melódica y el teclado “comenta” burlón el recitativo controladamente desvariado del cantante (1′ 04” y 2’48”). No hay rabia expuesta con crudeza, acá hay locura. No son los dosmil, son los setenta.

La letra y música de “Si te vas de mí” es de un músico argentino radicado por muchos años en Perú hasta el momento de su muerte, en 2001, llamado Domingo Rullo. Desconozco si hay una versión “original” con él, pero entiendo que una temprana versión de esta curiosa cumbia la produce Rulli Rendo, importante cantante, compositor y orquestador peruano de los años sesenta y setenta, cuyas cumbias y canciones de la nueva ola se conocían como toques, porque se bailaban en las noches de toque de queda en Lima, justamente de toque a toque. Si te vas de mí es, así, una cumbia peruana con todas las de la ley.

Lo primero que sorprende es el arreglo orquestal con violines, tan alejado de de las tradiciones cumbieras latinas, en general, y peruanas, en particular. La sorpresa aumenta al escuchar el timbre de voz de Rulli Rendo, el cual me parece de inmediato idónea para baladas y go-go’s de la nueva ola (voz opaca, afinada y agradable, pero finalmente muy poco expresiva) y tan poco apropiada para una cumbia como la que estamos comentando (solo por soñar, me imagino, en oposición a la versión de Rendo, una con el extrovertido de Félix Martínez, por mencionar un cantante de sepa cumbiera pura en el Perú de aquellos años).

De las variadísimas versiones que desde entonces han surgido, dos parecen destacarse, una de Los Tamara, de España

y, sobre toda, la muy setentera de Conjunto Tropical Caribe, banda esencial de la movida cumbiera mexicana de aquellos años y hermana estilística de la versión de Giolito, aunque la interpretación canora no alcance la locura inquietante de la versión chilena

El diálogo instrumental en este caso está basado en el órgano (papel de los violines de Rulli, del saxo de Giolito y de los metales de Chico), con comentarios de la guitarra eléctrica (tal como en Chico, pero de manera mucho más relevante en el caso de los regiomontanos, y en oposición al órgano de Giolito). Este diálogo órgano – guitarra eléctrica es quizás el sello más característico del desarrollo de la cumbia en el país del norte desde las grabaciones de Mike Laure y constituye un fenómeno paralelo, aunque no idéntico, al que se estaba dando en el Perú en esos años con el uso de los mismos instrumentos, aunque tengo la impresión de que en México era el órgano el que prevalecía siempre, en cambio sabemos que en Perú es la guitarra la que se vuelve maestra, ama y señora de la nueva cumbia.

De todas maneras, el sonido del órgano acá se manifiesta nuevamente muy apropiado para instumentar “Si te vas de mí”, pues acaso es el único timbre de toda la versión (considerando también el timbre de voz del cantante) que sugiere, en este caso, el cuadro inquietante que tan bien queda plasmado en las versiones chilenas. Diríamos, casi, que en Conjunto Tropical Caribe el órgano incluso opaca completamente a los demás timbres, incluidos los humanos y que por eso, quizás, raya para la suma, esta versión sea algo más pálida que la de nuestro Giolito. Más controlada y por lo mismo más aséptica.

En fin. Escuchar esta canción por Chico Trujillo, y solo por ellos, siempre me devuelve a un momento de estremecimiento, estupefacción y pavor que me fascinó potentemente por mucho tiempo. Sobre todo en la fuerza de los en vivo, donde la rabia y el vértigo se hacían más patente. Algo de eso ya se ha perdido. Bastante de eso, quizás. Pero el temblor sigue ahí al volver a escucharla. Es como un cuco que regresa una y otra vez a advertirme terrorífico, envolvente y alucinante: “pero no te olvides que aquí estaré esprándote”. Y aunque ya la haya escuchado cientos de veces, vuelve a causarme la misma fascinación y la misma excitación.

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