TIRO AL BLANCO

“Tiro al blanco” es de esas cumbias que en todo América son conocidas como tales, pero que los colombianos gustan en precisar que no lo son. Dicen que esta es una “gaita”, palabra esotérica para el gran común de los mortales panamericanos y que es, en rigor, una danza de parejas. Distinciones con la danza colombiana “cumbia” uno puede encontrar varias en internet y no entraré en detalles por el momento.

“Tiro al blanco” también es de esas cumbias (en la acepción más americanista del término, insisto) que generan controversia entre los chauvinistas de distintas nacionalidades en la eterna disputa sin sentido de vanagloriarse por su origen. En youtube son eternas las disputas por la nacionalidad de esta y otras canciones, disputas que solo dan cuenta de que, por una parte, el chauvinismo se alimenta de amor a la ignorancia (o de desprecio por el conocer) y, por otra, de que la cumbia es un fenómeno panamericano arraigado incluso pasionalmente. Todo lo anterior, potenciado por el gran interés que se ha despertado en los últimos años por rescatar los LPs originales de los años setenta y ochenta, lo que ha llevado a un rico y complejo proceso de antropología y arqueología cumbiera en todo América, porque se empiezan a conocer las influencias, las “versiones originales” y las que decían serlo pero no lo eran.

“Tiro al blanco” es, hasta donde se sabe, una gaita compuesta por Javier García. Hasta donde entiendo y he podido averiguar, Javier García es un compositor colombiano, conocido también por “Caliventura”, una psicodélica cumbia grabada por Afrosound, agrupación colombiana que, a su vez, había surgido como respuesta a las bandas peruanas que ya generaban la fusión entre los ritmos de cumbia, las armonías andinas y las instrumentaciones rockeras (tales como Los Destellos o Juaneco y Su Combo).

La gracia de toda esta historia es que la base inicial de la canción, a la cual debe gran parte de su fama, no es una creación de Javier García, sino de una canción disco italiana muy conocida a fines de los años 70: “Massara”, de Margherita, de 1979.

 

Javier García, entonces, habría tomado esta pegajosa introducción discotequera y la habría utilizado como criollo sampler para la canción que terminaría grabando Afrosound en 1981.

La versión de Afrosound tiene todas las características que han hecho famosa a dicha agrupación: rudeza rockera, maestría en la guitarra, sonido perfecto, tintes psicodélicos (ese sonido de ¿aspiradora? que lo inicia todo)… todo concluido con un breve y genial punteo guitarrero (a partir de 2′ 17”). Tal era la potencia de esta gaita que el LP en el que venía llevó su nombre, con una portada que, según los comentarios en internet, causó cierto revuelo en la época por su mujer con los pechos al aire.

Quizás la confusión sobre el origen peruano o colombiano de esta canción provenga del hecho de que por lo general Afrosound es una banda conocida por sus versiones de éxitos peruanos (como “La danza de los mirlos”, “Caminito cerrano” o “Volando”). Todo parece indicar, sin embargo, de que en esta ocasión la trayectoria fue inversa. Los Mirlos habría grabado esta cumbia en 1982, también en un LP con nombre homónimo, y por lo tanto en este caso no sería cierto que todos los éxitos de cumbia psicodélica seguían un camino desde el sur al norte.

La versión de Los Mirlos también reune todas las condiciones que la han hecho tan famosa agrupación. Acá no está el sonido “limpio” y pulcro de Afrosound, muy por el contrario: Dos o tres guitarras se superponen para generar un sonido oscuro, selvático, muy misterioso. El ritmo está acelerado, quizás más cercano al espíritu discotequero ad ovo. Es, en definitiva, una versión más cruda, casi disonante (tal como, por ejemplo, su versión para “El cuartetazo”, otra canción que encontró en Los Mirlos una versión oscura, casi sórdida).

Por su parte, “Massara” ya había tenido una nueva versión europea, en manos de los también discotequeros Boney M, quienes la registraron en 1980 bajo el nombre de “Felicidad”.

La última estación de este recorrido lo encontramos en Manu Chao, quizás el mayor exponente de la música reciclada en el ámbito hispanoamericano de las últimas décadas. Esta vez, eso sí, la versión base es claramente la de Afrosound, sampleada por Manu Chao en su canción “Malegría”, de 1998.

Acá ya es solo un eco, aceleradísimo y reiterativo, perfecta carne de cañón para experimentos posmodernistas latinos noventeros, pero que en lo personal no me convence mucho. Cosas de gustos. Y de versiones.

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