NICASIO LUNA

“La juventud de mis manos

para nada es impedimento

de que yo cante a lo nuestro

como lo hicieran mis paisanos”

El Centro le negaba todo a Aysén: el oído, la mirada, el reconocimiento. En respuesta, Aysén nos compartía todo: su lucidez, su fuerza y su dignidad. Y su música. Música campera, orgullosamente patagona, sincera y sin mayor artificio que el imperecedero arte del verso. Desde febrero descubrí (cuán ciego y sordo fui antes) Radio Santa María… y de paso el chamamé, la milonga y las canciones de hasta entonces anónimos artistas del fogón. Tenía que explotar el dolor de un pueblo para recién generar la conexión, afinar el oído, buscar información y admirar una música tan propia y tan sentida por tantas y tantos en aquellas vastas tierras chilenas.

Todo ese descubrimiento se ha plasmado en una figura: Nicasio Luna, “la sorpresa” del Caupolicanazo por Aysén de marzo. El centralismo lo tiene acá en Santiago, ¡¡paradojas de la vida!!, lo que ha permitido que podamos escuchar, aplaudir y apreciar su canto en la cálida inmediatez de una tocata en algún bar íntimo. ¡Música patagónica resonando en las calles de la capital! ¡¡Enhorabuena!! Desde mi perspectiva, de las cosas importantes que le ha pasado a esta capital que invisibiliza la cultura migrante, tanto nacional como extranjera.

“Tiene que estar más despierto / pa improvisar conmigo”

Milongas, décimas, zambas, chamamé. La voz, templada por el frío, los vientos y el fogón, rápidamente se nos vuelve inconfundible, por su fundamental grave y por su verso valiente. Cuesta creer que apenas sobrepasa la mayoría de edad: tal es la claridad, la fuerza, la lucidez y la simpleza de su verso. Posicionado, jugado y sin rodeos, uno entiende, al escucharlo, que muchas voces, muchas historias, muchos consejos, muchas vidas, están haciendo eco en su voz, como si fuera un pequeño resonador de su gente y de toda una historia. Él puede tener 18 años, la tradición versera que fluye a través de su canto jamás: son infinitamente más. Y él la conoce, dialoga con los que vinieron antes que él, los escuchó desde niño, los admira y los desafía. Continuidad y renovación. El devenir de las verdaderas músicas populares, llenas de raíces y llenas de subversión a la vez. Escúchese, por ejemplo, con atención el siguiente contrapunto:

“El patagón va de frente”

Toda revolución tiene su música. Y el movimiento social de Aysén la tuvo ¡en la milonga y el verso! Ahí la figura de Nicasio Luna se erigió como puntal sonoro de la dignidad patagónica.

“Le damos tanto al gobierno / y el gobierno no da nada”, “dónde andará la justicia”, “recuerda al pueblo le debe su mandato presidencial”, “como mujer la respeto / a la señora intendenta / pero a nadie representa / por más que sea locuaz”. El verso directo y potente, rabioso y energético, está en el corazón de las músicas populares de nuestra historia, aunque hace tiempo no se escuchaban tan crudos y comunicativos como estos. No por casualidad, aunque no sea su referente, genera un verso dialogante con el corazón de la canción social chilena, como cuando expresa “pues mientras viven tranquilos / inútiles gobernantes […] nos cansamos del olvido” (¡qué eco de “el frío de los gobiernos” cantado hace ya 50 años!).

“Es otra la tradición… soy un muchachito campero”

Dicha rudeza del verso se conjuga con una conversación siempre alegre, cándida, bienintencionada y orgullosa de la tradición que representa. Esos claroscuros van conformando la personalidad musical compleja de Nicasio Luna, dura con los problemas, amable con las personas, que mira “hacia adentro”, que se construye en la conciencia de ser una voz y un embajador de toda una ética, un espíritu y una cosmovisión tan ignorada y desconsiderada acá en el centro.

Pero Nicasio Luna es valiente y la tiene clara.

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