PLENA ESPAÑOLA

plena

Es quizás una de las cumbias más enigmáticas del repertorio clásico. Acá en Chile es ampliamente conocida por las versiones de Los Wawancó y Los Vikings 5, pero tanto su nombre como su estribillo han despertado màs de una duda o confusión. Un amigo, un poco despistado con la estrofa, no entendía la lógica de “ese barco entrando en la bahía, ahí se va la novia mía”. Claro, el estribillo es absolutamente pegajoso y tiene vida propia, tanto que hace no pescar mucho lo que dice la estrofa (“pronto vendrá, atracará y se llevará / para siempre la novia mía”). Qué es una “plena” alimentó más de otro mito. El que más creí, yo ignorante, es que era un tipo de barco… justamente español. Si existe el galeón de esa nacionalidad, ¡por qué no también una plena en la que se iba la Maruja de los Viking’s! Mitomanía pura.

Lo cierto es que en Chile y Argentina es una cumbia llamada plena española, pero que parece ser más bien un mambo moruno, como la mencionan insistentemente en algunos sitios de internet. Plena es el nombre de una danza puertorriqueña de principios de siglo XX. Moruno haría referencia a moro andaluz. La “Plena Española” es, en específico, una composición de Juanchín Ramírez, prolífero compositor y trompetista puertorriqueño que unió en su obra el jazz, los ritmos tropicales y las zarzuelas y a quien debemos igualmente esa bomba rítmica, sonora y onomatopéyica que es Anabacoa (“Arroz con picadillo… yuca!” en la inmortal voz de Benny Moré junto a la orquesta del maestro Pérez Prado).

Pero volvamos a la “Plena Española”. El ritmo de plena era un ritmo urbano-folclórico muy popular en el principio de siglo puertorriqueño y sigue siendo una expresión urbana vigente y viva. En lo esencial, es un ritmo callejero y percusivo, síntesis, cómo no, de muchas tradiciones rítmicas y líricas caribeñas, africanas, indígenes y españolas. En youtube hay decenas de videos sobre plenas antiguas y actuales, verdaderas fiestas callejeras que han llenado de sonido nuestros oídos, aunque por este lado del mundo no le supiéramos exactamente el nombre.

La “Plena Española” ha gozado de diversas versiones. En todas ellas se deja ver que una interpretación más sofisticada de la plena (de ahí el guiño al mambo, por la influencia más bien estadounidense de grandes orquestas con metales que reinaron en los años 50 y 60), con más o menos sabor agitanao y zarzuelero, según la versión. La versión de referencia pareciera ser la de Cortijo y Su Combo, con la voz de Ismael Rivera, pero hay que escuchar también las de Chucho Sanoja, la de Gabriel Romero y la de Los Melódicos para hacerse una imagen sonora de la historia de esta canción.

Por supuesto que en este caso, como en tantos otros del cancionero latinoamericano, no me canso de maravillarme cómo una canción que nos resulta tan familiar, tan nuestra, tan compañera desde la infancia, resulta ser una creación de historia laberíntica y llena de sorpresas y matices. Muchas veces no nos damos cuenta lo cierto y concreta que es la idea de que a través de la música nos hermanamos los pueblos latinoamericanos y caribeños, pues efectivamente compartimos un repertorio que en gran medida ha dejado de ser local, para ser simplemente de todos los americanos. Son las hebras que hay que ir tirando. Son las raíces profundas que nos unen.

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