TRES CANCIONES SOBRE CHILE

830dae9599bff73ee03e3556dbaad3ff_full Dos circunstancias me han llevado a pensar en canciones sobre Chile. Estoy fuera y se aproxima el 18. Evito el nacionalismo, pero pienso en Chile. En canciones que hablen de Chile como un todo, o como un concepto, o como un lugar, o como una ficción. No hay muchas, me parece, al menos que me muevan algo en el corazón y en la cabeza. Quizás soy un ignorante en canciones dedicadas a eso que llamamos Chile… ¿algún hip hop, alguna cueca, alguna trova? Para mí hay tres hermosas canciones dignas de conocerse, cantarse y sentirse. Dos de ellas nacen desde la nostalgia y la distancia. La otra, desde el impulso vital por vivir en un país libre, diverso y energético.

Cuando me acuerdo de mi país

Es quizás una de las creaciones más emblemáticas nacidas desde el exilio. Es una canción, por lo tanto, cantada desde afuera y con la convicción de la imposibilidad del retorno. No es una canción política coyuntural; es una canción de dolor, de profunda amargura , en medio de la nostálgica noche de la lejanía y de la desesperanza del regreso. Lo hermoso de esta canción es que parece hablarnos de un país físico, de un lugar, pero en realidad ese Chile evocado no es más un lugar. Es, en cambio, una memoria. Una memoria pegada a la piel, una huella en el espíritu. Una realidad biológica, o más bien, corporizada, como quien dice que internalizó una cultura, un sentir, una experiencia. Los espacios, físicos y simbólicos, no están allá, lejos; son vivencias consumadas en el cuerpo, son reacciones del cuerpo frente a la memoria. Volver a sentir ese país corporizado en la ausencia del país físico genera la contrariedad, la confusión, la amargura. Me enojo de ayer, me lluevo de abril.  Chile, ese concepto, se vuelve un estigma, una nebulosa en el espíritu. No hay desarrollo narrativo en la canción: solo reacción del cuerpo, un estremecimiento, un estado permanente de congoja. Una preciosura poética desde el dolor.

Canción del sur

La más hermosa canción de Los Jaivas, también nace desde la distancia y la ausencia, en este caso, del autoexilio. Si en la canción de Patricio Manns Chile está corporizado, acá Chile es una exhalación. La imagen, la evocación, va hacia afuera, en el sentido cósmico que tiene la música de los viñamarinos. Las imágenes seleccionadas son pocas pero contienen una fuerza emotiva indudable: el cielo nocturno y las altas montañas. Chile, el sur, condensado en dos perfectas postales que, quizás, definen nuestro carácter. Aca, entonces, Chile sí es un lugar y un momento, allá en la lejanía. Noche estrellada y montaña… como si solo en esa paz, en ese silencio, Chile se volviera un espacio cándido y tierno, digno de amarse y de añorarse. El clímax de la hermosura se alcanza en la segunda evocación a la cordillera, después del interludio instrumental. Chile, el espacio simbólico, también siente nostalgia del ausente. La tristeza y la ansiedad es mutua. ¡La cordillera / alta me espera! La reciprocidad del sentimiento genera la profunda y permanente emoción. La canción termina en un suspiro. Sobre las nubes / vuela el aliento.

Chile, te quiero

Esta canción va en el sentido contrario de las dos anteriores. Hija del espíritu genial de Florcita Motuda, Chile te quiero es puro alegría, energía, color, optimismo. En 1988, cuando es creada, o en el día de hoy, cuando su letra continúa vigente. Transmite una fuerza contagiosa basada en imágenes comunes y silvestres, en la simpleza y la cotidianidad; imágenes que, sin embargo, al ponerlas juntas generan lo extraño y lo mágico. Chile acá es un collage aventurero y verdadero de rostros, sabores, luces y actitudes frente a la vida. Es un Chile popular, no oficial, hecho por la gente, y en ese sentido puede ser cualquier país hermano, cualquier territorio hermano.El ritmo de carnaval le otorga un color nuevo a la manera de pensar Chile. Ese carnaval que nos fue negado, prohibido, pero que surge rítmico en los rincones, en las fiestas, en las manifestaciones callejeras. Ese Chile que queremos.

No es casualidad que las tres canciones que, según mi apreciación, más hermosamente hablan de Chile hayan nacido en esos días oscursos de uniformes grises de la dictadura. No es casualidad que ninguna sea una canción coyuntural, pero sí profundamente políticas, en términos de habitar una patria. No es casualidad que ninguna sea, en los términos odiosos que conocemos, canciones nacionalistas ni chauvinistas. Cuando todo el discurso oficial, político, legal, económico iban en el sentido contrario, de dizque refundación nacional y criminal limpieza ideológica y humana, nacen estas tres canciones que recrean un Chile de sensaciones, de momentos, de lugares, de personas que, en el dolor y en la esperanza, supieron resistir y generar la magia en música.

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